Osasuna regresa a casa desconocido

Inapelable victoria del Levante frente a un equipo rojillo, con errores y sin el temple habitual, que ofreció su peor versión en mucho tiempo

27.09.2020 | 14:09
El jugador de Osasuna Torres pelea la posesión del esférico con Clerc, del Levante

Vulnerables en defensa, engullidos en el centro del campo, inexistentes en ataque, Osasuna vivió un amargo regreso a El Sadar y permitió una placentera matinal al Levante. Los errores defensivos fueron decisivos, pero también el escaso nivel competitivo de Osasuna que permitió que su rival entrara con garbo en el partido y se entonara con el paso de los minutos hasta disfrutar de la contienda sin temor alguno.

Los tres goles anotados, una renta considerable para cualquier visitante, incluso se quedaron en un botín corto si no llega a mediar la actuación de Sergio Herrera. El meta rojillo detuvo un penalti y evitó alguna clara ocasión más que hubiera enrojecido la actuación del equipo en el marcador.

Osasuna se mostró desconocido en su reaparición en El Sadar en la nueva Liga. Fue un amargo regreso a casa no solo porque el resultado fue inapelable, sino porque las sensaciones del equipo estuvieron muy alejadas de las habituales del grupo. Doblegados ante un rival con ritmo mayor, también descabalgados del encuentro por la disposición mejor del Levante en el campo, Osasuna completó una de las actuaciones más destempladas en mucho tiempo. Siempre alejados del mando del encuentro, la posibilidad de lograr los tres puntos que supuso la aparición afortunada en el partido de Roberto Torres con su gol, fue aplanada por la tenacidad del rival y el peso de los acontecimientos.

El Levante fue un equipo más ambicioso para buscar la victoria, sus futbolistas circularon con un plus de chispa sobre el terreno de juego y en esta categoría exigente, donde hasta los equipos grandes reclaman del máximo para sacar adelante sus encuentros, fueron demasiados factores en contra como para no caer con ruido. Muchas circunstancias deben empujar hacia el mismo lado para que el equipo de Arrasate, un conjunto reconocible y con estilo sabido y guión aprendido, se desplome como ayer.

El Levante jugó bien, el quid reside en hasta dónde le facilitó las cosas Osasuna. Quizás en la no reacción ante la propuesta del conjunto valenciano se encuentre parte de la explicación. Le jugó a Osasuna con sus propias armas y la receta le salió desde el principio. Presión alta y anticipación, aliñadas con superioridad en el centro del campo, le hicieron ser el dominador, el dueño de la pelota casi siempre. Aunque ese mando no se tradujo en ocasiones claras, sólo necesitó un remate a puerta para equilibrar el gol conseguido tres minutos antes por Roberto Torres, cuando la primera parte se estaba yendo hacia la recta final.

Los rojillos, atenazados, incómodos y sólo con la dinamita que iba prendiendo a ráfagas Adrián, sólo pusieron el manual en práctica para la ejecución de un gol sin burocracia. Pelotazo del portero sobre el ariete –Calleri fue titular–, triunfo en la pugna que permite un toque para reconducir la bola –ahí hubo muestra de calidad de Adrián– y zurdazo seco ejecutado por Torres desde el borde del área que sorprendió al portero. Incluso a veces resulta sencillo conseguir un gol. Pero Osasuna no supo guardarlo en la caja fuerte.

Debía encajarse Osasuna mucho mejor en la pelea para que el segundo tiempo no discurriera por el mismo camino de indecisiones y pérdidas de balón. El Levante había poblado el centro del campo de interiores con gusto por los apoyos y soltaba cuerda con Morales en la delantera, a su aire, por todas partes.

Osasuna no supo sujetar a su rival y el Levante fue cogiendo una velocidad creciente para dominar, marcar y ganar con autoridad. Morales desmontó a Navas en una de las primeras acciones de la reanudación, que salvó Herrera, y ahí se inició un festival del equipo valenciano en el que abundaron oportunidades claras, para Miramón o Campaña. La reaparición en el partido para los rojillos fue mediado el segundo acto, en un disparo pura rabia de Lucas Torró –relevo del lesionado Torres–, que había aliviado mínimamente las penurias de Osasuna en el eje.

Sergio Herrera se empeñó en mantener en pie a los suyos deteniendo un penalti a Roger –las manos de Raúl Navas en el centro del desatado Morales fueron claras–, pero nada pudo hacer en el gol posterior del delantero tras jugada de Campaña. Varió el autor del centro en el tercer gol, el de Morales, a quien no vieron los defensas en toda la mañana. Hasta el final, la zaga siguió saltando por los aires en un Osasuna que se retorcía buscándose y que no se vio por ninguna parte.
De tal repaso sólo queda el terreno para la autocrítica. Entonces habrá mejoría.