La Fundación Pasqual Maragall entregó ayer la beca a la investigadora y profesora del Departamento de Ciencias Farmacéuticas de la Universidad de Navarra, Maite Solas, por su labor dentro del proyecto Star A-D, con el que se busca comprender cómo los astrocitos –la “estrella” de esta investigación; unas células esenciales para el correcto funcionamiento del cerebro– pueden modificar su metabolismo en el contexto del Alzheimer y pueden afectar a procesos clave como la señalización de la insulina o el almacenamiento del glucógeno. O, dicho de otra manera, esta investigación –que cuenta con la colaboración del doctor Jordi Duran– pretende averiguar si intervenir en estos astrocitos –que abrazan a la neurona y que funcionan como un vaso comunicante de la glucosa, el “alimento fundamental” del cerebro– podría ralentizar la progresión de la enfermedad o, incluso, revertirla en sus etapas iniciales.

Durante el acto, Glòria Oliver, directora general adjunta de la Fundación Pasqual Maragall, recordó que el Alzheimer es una “enfermedad silenciosa” que, por desgracia, afecta a “un millón de familias”. Y a pesar de que ahora haya una conciencia mayor, todavía falta mucho por hacer. No obstante, también mencionó que se estaba produciendo un cambio de paradigma, ya que se están empezando a abordar “los primeros tratamientos modificadores del curso de la enfermedad”. En ese sentido, destacó no solo el capital investigador que hay en el Estado y que, como la propia Maite Solas, contribuyen a que la cura del Alzheimer esté cada vez más cerca, sino que también hizo hincapié en la importancia de que haya personas que donen y que sean socios de la fundación: “Detrás de las becas, hay personas que ayudan a que la ciencia avance”, señaló.

Una idea que surgió de "una servilleta"

Una vez concluida su intervención, y tras unas palabras de Cristina Maragall, presidenta de la fundación, la investigadora de la UN explicó que la idea de este proyecto –o, como ella dijo, de una oportunidad sin precedentes– surgió de la manera más ordinaria y anecdótica posible: con una buena conversación entre ella y el doctor Jordi Duran y una hipótesis que plantearon en una servilleta que, a día de hoy, todavía conserva. “Diversos estudios defienden que los astrocitos –que tienen una posición privilegiada porque pueden coger la glucosa, almacenarla y donársela a las neuronas– cogen menos glucosa de la que deberían, pero hay otros que demuestran que sí se transforman en excesos de glucosa. Aunque no hay consenso, lo que nosotros planteamos es que hay unos estadios iniciales hiperglucolíticos –cuando la neurona recibe glucosa en exceso–, pero no lo puede soportar de manera constante y se produce una ruptura metabólica que conduce a que la neurona no reciba la suficiente glucosa”, explicó.

De esta manera, lo que se pretende conseguir con esta investigación sobre el Alzheimer es atacar esos estados iniciales –cuando “se vuelve aberrante” por exceso– y poder paliar las pérdidas de memoria. “Si prevenimos durante la captación de glucosa –es decir, evitar que haya un almacenamiento excesivo de glucógeno–, es posible que podamos prevenir el avance de la enfermedad en los siguientes estadios”, sostuvo.