Los efectos en el Chinatown madrileño

en usera, donde viven gran parte de los 62.000 chinos que residen en la capital, las mascarillas empiezan a escasear

01.02.2020 | 06:16
Varias mujeres asiática pasean, una de ellas con una mascarilla protectora, en Madrid.

A miles de kilómetros de su país de origen, la populosa colonia china de Madrid vive en la distancia la crisis desatada por la propagación del coronavirus, mientras hace acopio de mascarillas para enviar a China y se acumulan las cancelaciones de vuelos en las agencias de viajes.

En el distrito de Usera, el Chinatown particular de la capital, donde se concentran buena parte de los 62.000 chinos que viven en Madrid, la epidemia ha empañado las celebraciones del Año Nuevo Chino, y sus ecos se han oído en algunos comercios.

Sobre todo, en los que venden mascarillas. Tanto farmacias (regentadas normalmente por españoles) como parafarmacias (de propiedad china en su mayoría) se encuentran desbordadas por la demanda y en muchas se quedaron sin reservas hace ya días.

Dos motivaciones Este fenómeno responde, según se desprende de los testimonios recogidos, a dos motivaciones. La primera es solidaria: muchos chinos residentes en Madrid están haciendo ímprobos esfuerzos por enviar mascarillas y geles desinfectantes de manos a sus familiares de China, donde estos productos son ahora tan necesarios como difíciles de conseguir.

En España, donde no hay casos confirmados, abundan quienes han hecho de la necesidad virtud, y el negocio en torno a las mascarillas ha florecido hasta límites impensables.

Es el caso, por ejemplo, de una empresaria de origen chino que se identifica como Ángela y, desde su oficina de Opañel, se dedica a la importación y exportación entre China y España. Para sus clientes, ubicados en la región suroriental de Cantón, lejos del epicentro de la epidemia, las mascarillas, gafas y trajes de protección se han convertido en absoluta prioridad.

Ángela explica que, si bien el Gobierno chino ha renunciado por el momento a pedir ayuda internacional de manera oficial, los empresarios chinos se han movilizado ante las carencias de material que se vienen produciendo no ya en las casas, sino incluso en los hospitales.

Está por ver que Ángela tenga éxito en su búsqueda; asegura que las farmacias tienen sus existencias de mascarillas agotadas, y varias tienen listas de espera de entre siete y diez días para responder a los pedidos que siguen acumulándose.

De la situación dan fe las farmacias en Usera, algunas de las cuales han esperado toda la semana, en vano, a reponer sus existencias del artículo más demandado del momento.

En un bazar de la calle Nicolás Sánchez, ayer sólo quedaban las tres mascarillas expuestas en el escaparate de la tienda. Y en la parafarmacia de la plaza Julián Marías el objetivo ya no es vender mascarillas, sino comprarlas para revenderlas en China. El jueves, el dueño del establecimiento ultimaba la preparación de una docena de cajas para su envío al país asiático, llenas del preciado objeto.

La masiva demanda de mascarillas no se deja sentir, empero, en las calles de Usera, donde es casi imposible ver a alguien llevándolas. En las contadas ocasiones en que sucede, suele tratarse de personas acompañadas de una maleta, yendo o viniendo de su patria natal.

La epidemia del coronavirus ha frustrado los planes de viaje de multitud de chinos que planeaban reunir a sus familias en España o en China con motivo del Año Nuevo.

Cancelación de viajes "Estamos hasta arriba", dice una empleada de una agencia de viajes del distrito, mientras enseñaba un folio con una larga lista de nombres escritos en chino. "Todo cancelaciones o gente que quiere cambiar sus billetes", explica.

Con todo, es difícil discernir hasta dónde llega la angustia: muchos chinos tienen a sus familias al completo en España, otros reconocen que sus allegados de China no disponen de mucha información y, en general, se impone el celo con el que la comunidad china, tradicionalmente, guarda su privacidad.

En cualquier caso, y pese a los ecos de la epidemia que llegan desde China, en Usera la vida continúa con casi total normalidad, como demuestra el dueño de uno de los restaurantes más populares del barrio. "Si alguien tiene que estar preocupado, es el Gobierno chino. Mi familia está aquí, está perfectamente sana, y mi restaurante está lleno todos los días", zanja.