Hace ahora 40 años, Tudela recibió el mejor regalo de Reyes que quizás haya recibido en su historia, dos figuras de gigantes que servían de acicate para que el Ayuntamiento de 1986 se pusiera manos a la obra y completara una comparsa nueva que se modernizara, tanto en el aspecto como en su forma de conectar con tudelanos y tudelanas. Gracias a la iniciativa de los Gaiteros de Pamplona y a muchas comparsas de Navarra, el 6 de enero de 1986 Sancho VII el Fuerte y Juan de Labrit llegaron a la capital ribera, donados a la Orden del Volatín que su presidente entonces, José Antonio Castellano, decidió, a su vez, entregar a la ciudad y que fue el comienzo de la actual comparsa de Gigantes y Cabezudos, integrada entonces por un grupo de jóvenes que “puso piernas” a las figuras “mientras vosotros, tudelanos y tudelanas, les pusisteis el corazón”, como afirmó ayer el actual responsable Íñigo Castellano y uno de los integrantes de la nueva comparsa.
El homenaje
Aquellos jóvenes decidieron que las nuevas figuras de Tudela tenían que cobrar vida y bailar y revolucionaron así la imagen de las comparsas. Tras los reyes, el Consistorio se vio obligado a “no dejar célibes a los reyes” (como dijo ayer el gaitero pamplonés José Luis Fraile con una carta) y les encontraron matrimonio, viniendo a la vida Catalina de Foix y Sancha que costaron 700.000 pesetas a las arcas municipales.
En una ceremonia sencilla y emotiva Tudela ha homenajeado esta mañana a Sancho y Juan y a aquella docena de tudelanos que, sobre sus hombros, dieron alas a aquellas figuras y las hicieron volar, sentir y crecer a ojos de todo el público de la capital ribera. “En unos tiempos tan convulsos y polarizados, pocas cosas hay que unan tanto y sean tan transversales como la comparsa de gigantes del Ayuntamiento de Tudela. Son un símbolo de esta ciudad a la que representan”, ha indicado Íñigo Castellano. Aquellos doce tudelanos fueron José Luis Balmaseda, José Luis Calleja, Javier Calvo, Javier Castellano, Íñigo Castellano, Pedro Domínguez, Alejandro Gil, Juan Ramón Marín, Miguel Ángel Martínez, José Ángel Munárriz, Cándido Rubio y Juan Sainz. “Somos conscientes de que la comparsa es lo que es porque los tudelanos y tudelanas han querido que lo sea”, ha concluído.
“En unos tiempos tan convulsos y polarizados, pocas cosas hay que unan tanto y sean tan transversales como la comparsa de gigantes del Ayuntamiento de Tudela. Son un símbolo de esta ciudad a la que representan"
A través de una carta, José Luis Fraile ha recordado aquellos inicios, “el Ayuntamiento llamó a los gaiteros de Pamplona, que eran el futuro, para que animaran las fiestas de Tudela y las fuerzas vivas de la ciudad lo promovieron. Los gaiteros respondieron a las expectativas, compartiendo y divulgando los bailes. Se creó una extraordinaria sintonía con miembros destacados de la Orden del Volatín y su presidente José Antonio Castellano. Se discutió mejorar los gigantes y como era previsible que el Ayuntamiento dijera que no tenía dinero, alguien lanzó la idea de que con la ayuda de diversas comparsas y nuevos grupos de gaiteros y entidades muy arraigadas como los danzantes de la Virgen de Muskilda lo podíamos pagar entre todos. Se eligieron a dos reyes navarros, uno vinculado a Tudela y el segundo a todo Navarra”.
Historia
Aquel 6 de enero de 1986, a la misma hora que esta mañana, y en el mismo lugar (edificio de Castel Ruiz), el Ayuntamiento (el concejal Javier Labarga) recibió de manos de la Orden del Volatín (José Antonio Castellano) las dos figuras de poliéster de 4,10 metros de alto (la cabeza solo era 0,50 metros), que habían sido creadas por Roberto Goñi y Mari Ganuza y que sustituían a la pareja de los Reyes Católicos y a Marco Antonio y Cleopatra, que, hasta entonces, eran las figuras de la comparsa de Tudela (y que aquel año fueron donados a Villafranca, donde todavía bailan).
Más de una docena de años llevaba la Orden del Volatín organizando el 26 de julio la Gigantada por lo que los renovados gaiteros de Pamplona que venían a tocar a las fiestas de Tudela decidieron que había que dotar a la ciudad de una nueva comparsa. Dado que si se pedía al Consistorio éste diría que no tenía dinero, a instancias de los gaiteros de Pamplona decidieron aportar dinero las comparsas de Estella Olite, Falces, Peralta, Tafalla, Pamplona, Txantrea, Puente la Reina, Villava, Sangüesa, Aoiz, Huarte, Huarte-Pamplona, Lumbier, Cascante, Cortes, Fitero y Monteagudo, así como los gaitero de Estella, Artajona, Falces, Pamplona, Ochagavía, Fustiñana, Ribaforada, Tudela, Baiogrri y Alduides, así como la Asociación de Txistularis y la Asociación de Dantzaris, siendo el coste de cada uno superior a las 200.000 pesetas. La construcción corrió a cargo de Flamarique, Ganuza Goñi, Sada y Subiza.
Labarga, concejal de Cultura, señaló aquel día que “los bailaremos, acompañaremos y festejaremos para que sean capaces de olvidar los sufrimientos que los Reyes de Castilla proporcionaron a ambos”. La intención del Consistorio era, antes de recibir estas figuras, que la comparsa tuviera seis figuras que por la convivencia de religiones tudelana querían que fueran dos árabes, dos cristianos y dos judíos. Incluso existían bocetos de los mismos, pero con la llegada de estos reyes finalmente se desechó.
El 5 de mayo de 1986, el Ayuntamiento se dirigió a Benito Goñi para aprobar el presupuesto de 650.000 pesetas “todo incluido” por las dos reinas consortes, a lo que habría que añadir 60.000 pesetas por el diseño y bocetos, una cantidad que en un principio el concejal se mostró reacio pero que finalmente aceptó.
El día 24 de julio de 1986, los dos reyes y sus consortes con los nuevos portadores salieron por las calles de Tudela para lucirse ante sus vasallos y para que comenzara a nacer un cariño que todavía dura y que se ha amplió hace diez años con la llegada de Íñigo Arista y Oneka Velázquez.