Estaba previsto que el juicio se celebrara con un jurado popular, porque entre los varios delitos a los que se enfrentaba el acusado estaba el de allanamiento de morada, es decir, acceder a un domicilio sin el consentimiento de su propietario, que es un delito propio para juzgarse por el tribunal de jurado. Sin embargo, una conformidad previa ha evitado la celebración de la vista oral. De esta forma, este hombre, vecino de la Comarca de Pamplona de 35 años de edad, ha sido condenado a 23 meses de prisión por acosar a su expareja, llegar a esperarla en su casa y esperarla con un cuchillo, así como por dos delitos de amenazas vertidos sobre la mujer. Además, le imponen 20 años de alejamiento.

El procesado, que ya en 2019 fue condenado a seis meses de prisión por un delito de amenazas, mantuvo una relación sentimental con la víctima que terminó en agosto de 2022. El acusado no aceptó la ruptura de la relación y de esta forma comenzó a llamarla de forma insistente y a enviarle mensajes en los que le pedía una nueva oportunidad. Lo hizo durante unas tres semanas. Además, le llamaba o enviaba mensajes desde el móvil de terceras personas, o le escribía por Messenger o Facebook. Finalmente, el 13 de agosto, el acusasdo quedó con su ex para devolverle a esta una máquina para tatuar. Ella acudió a la cita con un amigo. Tras entregarle el aparato, y cuando la mujer y su amigo se dirigían hacia su vehículo, el procesado le lanzó un puñetazo en la cara a este hombre. Además, le dijo a su exnovia que iba a quemar la casa y que si la veía con otro hombre lo mataría. Eran mensajes que ya le había dicho en otras ocasiones.

Pocos días más tarde, el 18 de agosto de 2022, sobre las 21.00 horas. El acusado entró con otra persona que no ha sido identicada en la casa de su expareja, pero la mujer fue advertida por un vecino de tal hecho. De esta forma, envió a un amigo suyo para que se acercara a la vivienda. Cuando el varón accedió al inmueble, en el interior de la casa se encontró al acusado y a su amigo. Ambos portaban sendos cuchillos de grandes dimensiones. En el momento de ser descubierto, el procesado se abalanzó con el cuchillo sobre el otro hombre y le lanzó dos cuchillas que no llegaron a alcanzarle y que iban dirigidas al pecho. Debido al miedo que le causó la situación, su expareja se tuvo que ir a vivir con su padre durante una semana.

La sentencia reconoce que el acusado padece un trastorno bipolar y mixto de la personalidad por el consumo de alcohol y cocaína y dependencia a cannabinoides.