Juanjo Pujana, un vasco helenista

13.02.2022 | 10:11
Juanjo Pujana, un vasco helenista

Acabamos de despedir el pasado viernes 4, en Elorrio, en una solemne misa funeral, a nuestro querido amigo Juan José Pujana, recientemente fallecido, tras una vida de superación e ingente esfuerzo, haciendo frente a complejos desafíos en el durísimo campo de la política, donde ocupó diversos cargos relevantes en el primer Gobierno Vasco, entre ellos el de presidente del Parlamento Vasco, desde 1980 hasta el 1987.

Los que hemos tenido la suerte de haber conocido y tratado a Juanjo lo recordaremos siempre como un hombre honesto, franco y directo, recio en el carácter, apasionado en sus ideas, llevando siempre detrás un rico bagaje intelectual en apoyo y aval de sus opiniones. Era además un profundo exponente del alma vasca, sin ambages ni hipocresías. Amaba apasionadamente nuestra vieja Vasconia o Euskal Herria y a su enaltecimiento y mejora dedicó con generosidad ejemplar su voluntad y energías. En las distancias cortas era cordial y afectuoso, sin merma nunca de sus principios y valores. Su faceta política ha sido profusamente exaltada en todos los medios y conocida por el pueblo vasco, en general. Hay, no obstante, otra dimensión notable en él, que es, quizás, menos conocida. Se trata de su pasión por el conocimiento, cultivando con ahínco, en estos tiempos de frivolidad y simplismo utilitario, las humanidades y en especial el rico legado de la Antigüedad Clásica, a través de su estudio y dominio de la lengua griega.

Fruto de esta asidua dedicación al mundo helénico fueron sus traducciones al euskera de obras seminales como La República de Platón y Los Caracteres de Theophrastos, que de por sí bastarían para respaldar su aportación a la cultura vasca, enriqueciendo con textos fundamentales su acervo lingüístico. Hay expresiones de Juanjo que condensa singularmente su vocación por lo griego: "Todo el mundo debería besar el suelo de Grecia" o su admiración por Sócrates, describiéndole como: "un hombre que iba en taparrabos, que decía verdades y solo quería hacerlas llegar a la juventud por eso le mataron", según destaca I. Urrutia Cabrera. Fue miembro activo de la Sociedad Bascongada de Amigos del País, (RSBAP), dentro de la Comisión de Bizkaia y precisamente a ella quiso dedicarle, en calidad de lección de ingreso como socio de número, un último exponente de su pasión helenista. Se trata de Las Imágenes de Philostrato, en traducción trilingüe: griego, euskera y castellano, publicado en el 2003 en una primorosa edición del Departamento de Cultura, de la Diputación Foral de Álava. La obra contiene, además, hermosas ilustraciones del pintor francés de la escuela manierista de Fontainebleau, del s. XVI, Antoine Caron.

El libro se enriquece también con una presentación encomiosa de Pedro de San Cristóbal Murua, entonces diputado foral de Cultura y un extenso y erudito prólogo del profesor de la UPV, Don José Ramón Arana, en que se nos ilustra sobre la figura de Philostrato, sofista y crítico de arte, griego de origen, pero ya residente en Roma, así como acerca de la época histórica, la de los emperadores africanos, también llamada de los Severos, en la transición entre los siglos II y III, después de Cristo, en que fue escrita la obra. Sobre esta época no me resisto a citar, como jurista, dos notas características, resaltadas por el autor del prólogo: "La Corte de los Severos tiene dos notas llamativas, una, en que son los jurisconsultos los que asumen las tareas de administración y de impartir justicia en nombre del Señor; es el periodo glorioso de la jurisprudencia romana, en que coinciden varios de los grandes juristas en la Corte de esos emperadores: Papiniano, Ulpiano y Paulo; la Administración central se racionaliza en sus criterios y proceder, arrancando de las manos de linajes señoriales las cosas del Estado". En definitiva, diríamos nosotros, se apuesta ya tempranamente por el mérito, no el origen, estableciendo una administración profesional. La segunda tiene igualmente rabiosa actualidad, según Arana, pues pone en valor el papel de la mujer en la Corte Imperial, más allá de su rol tradicional como esposas de los emperadores, fomentando su participación por derecho propio, asumiendo responsabilidades y tareas de gobierno con inteligencia y profesionalidad.

Como certeramente ha destacado José María Urkia, antiguo director de la RSBAP, "Juan José Pujana nos ha ofrecido generosamente y con un esfuerzo ingente la primicia de la traducción, ¡hermosa traducción! al euskera de obras valiosas de la cultura griega". Ciñéndonos a Las Imágenes de Philostrato, la obra es, preferentemente, como su nombre indica, una crítica pictórica acerca de la colección de cuadros expuestos en el pórtico de Nápoles, con un afán pedagógico enfocado a la educación estética de los jóvenes. La otra faceta de Philostrato es la filosófíca, no en balde es autor también de trabajos como las Vidas de los Sofistas y dentro de ella la que podríamos llamar filosofía social, interesándose por temas como el feminismo y la defensa del mérito con independencia de la clase social. La fama de este libro y su interés para Juanjo nos viene confirmada, como apunta el profesor Arana, por el hecho de que atrajo particularmente la atención de mentes tan preclaras y refinadas como Wolfgang Goethe.

Por todo esto, su trayectoria política, los estudios sobre la lengua y cultura griegas y su traducción minuciosa al euskera, Juan José Pujana Arza merece nuestro recuerdo y agradecimiento más sinceros. Goian Bego.

El autor es Miembro de la Sociedad Bascongada de Amigos del País

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