Fueron las mujeres quienes encendieron la chispa. Amas de casa, obreras, dependientas y sirvientas protagonizaron el 7 de mayo de 1951 una protesta inédita en el Mercado del Ensanche de Pamplona que acabaría desencadenando la primera gran huelga general contra el franquismo en la ciudad. Aquella mañana, acudieron a hacer la compra diaria y se encontraron con que la docena de huevos había pasado de 12 a 17 pesetas. En una ciudad marcada por la escasez, el racionamiento y el miedo de la posguerra, la subida de un producto básico hizo estallar una indignación que llevaba años acumulándose.

Primero llegaron las protestas frente a los puestos. Después, una manifestación espontánea de cientos de mujeres hasta el Gobierno Civil para exigir explicaciones al gobernador, Luis Valero. Y, más tarde, cinco días de huelga, cierres de fábricas y comercios, enfrentamientos con la policía y centenares de detenciones.

Setenta y cinco años después, los historiadores Ana Díez de Ure Eraul y Paco Roda Hernández recuperan aquella memoria con la exposición De la compra a la huelga, instalada en el Mercado del II Ensanche hasta el sábado 6 de junio.

El Mercado del Ensanche era uno de los símbolos de la nueva Pamplona que comenzaba a crecer fuera del casco antiguo. Inaugurado en 1948, contaba con unos ochenta puestos de carne, pescado, frutas, verduras y huevos destinados a abastecer al vecindario de la zona. Pero aquel mercado era mucho más que un espacio comercial. Era un punto de encuentro diario entre mujeres que, en plena autarquía franquista, se convirtió en el escenario perfecto para que el malestar social terminara explotando.

Una vendedora en el mercado en 1950. Galle

Las mujeres iniciaron la protesta

Las mujeres fueron el verdadero motor de la huelga. Amas de casa, obreras, dependientas, sirvientas y trabajadoras textiles encabezaron una movilización nacida de las dificultades para sostener la vida cotidiana. “Son las mujeres quienes desafían el miedo y descontrolan el poder en esta huelga”, resume Paco Roda.

Muchas soportaban salarios muy inferiores a los de los hombres y algunas arrastraban además historias familiares marcadas por la represión de la posguerra. “Algunas provenían de sindicatos católicos de obreras. Ahí tuvieron la oportunidad de juntarse, de socializar. Pese a recibir un mensaje muy religioso y muy franquista en cuanto a lo que se esperaba de las mujeres, supieron darle la vuelta a esa especie de ideologización y empezó una politización a la inversa”, explica Roda.

Entre las protagonistas cuyos nombres han llegado hasta hoy figuran algunas como María Arce Echeverría, Natividad Bella Esparza, Basilisa Blázquez Tabernero, Petra Equiza Lerga, Laura Lacabe Lusarreta o Pilar Muruzabal Zuasti, varias de ellas detenidas durante aquellos días.

En 1951, Pamplona tenía algo más de 72.000 habitantes y seguía viviendo bajo la sombra de la Guerra Civil. La ciudad había sido uno de los bastiones del franquismo, pero la autarquía económica, el racionamiento y el estraperlo habían generado un creciente malestar social.

Venta de huevos en el mercado del Ensanche en 1950. Zubieta y Retegui

Al mismo tiempo, Pamplona comenzaba a transformarse. La ciudad crecía hacia el Ensanche y surgían nuevas industrias vinculadas al calzado, los tejidos, el caucho o la construcción. Muchas mujeres trabajaban ya en fábricas y talleres, aunque con peores salarios y condiciones laborales que los hombres. Ese descontento silencioso llevaba tiempo acumulándose cuando estalló la movilización en el mercado.

Cinco días de huelga y tensión

La protesta se extendió rápidamente desde el mercado a fábricas, talleres y comercios. Empresas como Calzados Goñi Hermanos, Hilaturas Franco-Navarras o Talleres Huarte secundaron los paros. Durante cinco días, Pamplona vivió movilizaciones continuas, cierres de bares y comercios y una fuerte presencia policial en las calles. La huelga también alcanzó localidades cercanas como Villava, Burlada y Huarte. 

Hubo centenares de detenidos y varios heridos. El Fondo Documental de la Memoria Histórica de Navarra recoge más de un centenar de detenciones y posteriores acciones judiciales relacionadas con aquellos días.

Para los investigadores, aquella movilización supuso uno de los primeros grandes desafíos sociales al franquismo en Navarra. “La protesta evidenció que el descontento atravesaba incluso ciudades consideradas fieles al régimen y demostró la capacidad de organización de unas mujeres que, desde espacios aparentemente domésticos como el mercado o la compra, consiguieron desencadenar una protesta masiva”, aseguran.

Recuperar la memoria

La exposición De la compra a la huelga reconstruye aquellos acontecimientos a través de fotografías y documentos procedentes del Archivo Municipal de Pamplona, el Archivo General de Navarra y colecciones privadas. La muestra busca sacar del olvido una huelga poco conocida fuera del ámbito académico y reivindicar el papel fundamental de las mujeres en aquella movilización.

“Aquellas mujeres hicieron de lo doméstico algo político y del hambre una bandera”, explica Díez de Ure. Setenta y cinco años después, el eco de aquella protesta nacida entre puestos de mercado sigue recordando que, en mayo de 1951, unas mujeres cansadas de callar consiguieron poner en jaque al franquismo en Pamplona.

¿Cómo era el mercado en 1951?

En 1951, el Mercado del Ensanche era uno de los principales centros de abastecimiento y vida social de Pamplona. Inaugurado apenas tres años antes, en 1948, había sido construido para atender al creciente vecindario del II Ensanche. Contaba con unos ochenta puestos interiores –más que ahora– y varios exteriores donde se vendían productos como carne, pescado, verduras, frutas y huevos. En plena posguerra y en un contexto de racionamiento, escasez y estraperlo, el mercado era mucho más que un lugar para comprar: funcionaba como espacio de encuentro, intercambio de noticias y relaciones de solidaridad, especialmente entre las mujeres, protagonistas de la vida doméstica y de la compra diaria. Fue ese ambiente de convivencia y malestar compartido el que convirtió al mercado en el epicentro de la huelga.

Una mujer pasa delante de los paneles. Iñaki Porto

Protagonistas de la movilización

La historiografía tradicional apenas prestó atención al papel de las mujeres en aquella huelga. Sin embargo, los propios informes del gobernador civil y del fiscal reconocían que ellas fueron fundamentales para desencadenar y sostener la protesta. Amas de casa, dependientas, obreras, criadas, cuidadoras o trabajadoras textiles compartían una misma realidad: salarios bajos, escasez, hambre y una fuerte represión política y social. Los nombres de algunas de ellas han llegado hasta hoy: María Arce Echeverría, Natividad Bella Esparza (en la imagen, arriba a la derechacon una raqueta), Basilisa Blázquez Tabernero, Petra Equiza Lerga, Micaela Ilardia Labiano, Laura Lacabe Lusarreta, Pilar Moreno Rodríguez, Pilar Muruzabal Zuasti, María Victoria Oroz Ciordia, Juana Ruiz Bados y Josefina Iragorri Maza. Varias de ellas fueron detenidas y encarceladas. 

Uno de los paneles. Iñaki Porto

Una huelga seguida en el mundo

Panel con recortes de prensa sobre la huelga. Iñaki Porto

Mientras la prensa española callaba por la censura franquista, la huelga de Iruña ocupó titulares internacionales. El New York Times, The Times de Londres, Le Monde, Le Figaro, Tribune de Genève o periódicos estadounidenses y suizos informaron durante aquellos días sobre las movilizaciones y su protagonismo femenino. La prensa local, sin embargo, minimizó los hechos. Diario de Navarra lo describió como “un festival en el que tomaba parte una muchedumbre de jóvenes”. Pensamiento Navarro habló de “maniobras de elementos extraños con inspiraciones advenedizas”. Pero la realidad era muy distinta. Pamplona se había convertido en un símbolo de resistencia social frente al franquismo. Incluso la CIA elaboró un informe secreto sobre las protestas.